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Guillermo Gómez Pastén |

“Surco de estela fría” limita el desarrollo de Vance y otros ciclones tropicales

El ciclón tropical Vance ha encontrado condiciones que lo han debilitado y tal como ocurrió con anteriores sistemas frente a las costas mexicanas del Pacífico, le han restado peligrosidad, al avanzar sobre un fenómeno oceanográfico conocido como «surco de estela fría».

De acuerdo al Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, el aparente contrasentido entre un océano globalmente más caliente debido al fenómeno El Niño y la falta de energía local que ya debilitó a la tormenta tropical Vance se explica mediante dicho fenómeno, un «surco de estela fría» inducido por ciclones.

A pesar de que las anomalías de El Niño mantienen el Pacífico ecuatorial y dinámico extremadamente cálido este año (con temperaturas récord de hasta 3.8 °C a 4 °C sobre el promedio), la física local de los ciclones previos alteró las condiciones directamente en la ruta de Vance.

Explican especialistas del NHC que un huracán no solo consume el calor de la superficie, actúa como una gigantesca licuadora oceanográfica. Sus fuertes vientos circulares provocan un proceso llamado surgimiento, esto es, una mezcla vertical: El ciclón desplaza el agua caliente de la capa superior hacia los lados y succiona agua mucho más fría y densa desde las profundidades del océano.

Un huracán previo (como el reciente paso de Trudy por la misma región) absorbe enormes cantidades de calor latente para alimentarse.

Como resultado, aunque El Niño caliente la superficie a nivel macro, el paso consecutivo de ciclones deja una «estela» o «surco» de agua enfriada y desprovista de energía térmica que tarda días o semanas en recuperarse. Cuando Vance transitó por esa misma trayectoria, se topó con un océano «vaciado» de su combustible principal.

El fenómeno de El Niño generalmente propicia temporadas sumamente activas en el Pacífico porque profundiza la capa de agua cálida. Sin embargo, en las zonas costeras u orientales del Pacífico donde Vance se ha desplazado, pueden ocurrir particularidades:

Si la capa de agua caliente superficial es muy delgada, basta con que un huracán previo revuelva el mar sutilmente para que el agua fría del fondo emerja con facilidad.

Al encontrar esta barrera de agua fría subsuperficial generada por sus predecesores, la rápida intensificación que inicialmente experimentó Vance (llegando a ser huracán) se frenó drásticamente al quedarse sin el «alimento» térmico necesario.

El NHC también destaca que la falta de energía en el mar no actuó sola. Para que un sistema se debilite tan rápido en un año de El Niño, suelen sumarse factores atmosféricos hostiles inducidos por el mismo fenómeno climático, incluyendo lo que se denomina “cizalladura del viento”.

Esto significa que Vance comenzó a experimentar fuertes vientos en contra en las capas medias y altas de la atmósfera (cizalladura vertical de entre 15 y 20 nudos). Esto literalmente «desconectó» la estructura interna de la tormenta, inclinando su centro convectivo y acelerando su degradación.

Es así que el más reciente reporte del Servicio Meteorológico Nacional indica que Vance tiene vientos sostenidos de 100 km/g y rachas de 120, ubicado su centro a 430 km al sur-suroeste de Manzanillo, Col., y a 545 km al sur de Cabo Corrientes, Jal., avanzando hacia el oeste-noroeste (295°) a 11 km/h.

El meteorólogo Víctor Manuel Cornejo López indicó que “ahora el pronóstico de trayectoria lo mantiene como tormenta tropical y lo aleja algo más de los litorales, situación que favorece para que en esta región (Bahía de Banderas) no sea una amenaza”.

Sin embargo, vientos en altura le desprenden nubosidad y la llevan a estados del Occidente, provocando nublados y algunas lluvias dispersas.

Se estima que para el próximo jueves sería depresión tropical o posiblemente sólo quedarían remanentes, cuando se aproxime a las costas de Baja California Sur y Sinaloa.