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Gerardo Sandoval Ortiz |

Apuntes de la gentrificación y el hasta pronto al amigo Rodriguez Campoy

CONTEXTOS

 

 

Hace pocos años un amigo arquitecto, constructor y empresario, nos presumía muy animado el rotundo éxito de su proyecto inmobiliario en la colonia Emiliano Zapato. Con el mismo ímpetu, se echó a cuestas construir y comercializar otro edificio condominal en la colonia Versalles y antes de darle sus últimos acabados, los 8 pisos estaban vendidos.

“Y puros put…s”, soltó pecho al frente una frase presumiendo que en dos o tres meses vendió todos condominios en la pujante Zona Romántica, al sur de la ciudad, y los departamentos del moderno edificio en la residencial Versalles.

Sería impreciso que el ejemplo del amigo constructor se apegue a la definición del proceso de gentrificación que ocurre en Puerto Vallarta. Sin embargo, difícilmente se pudiera refutar que las casonas del viejo Vallarta de buena parte de la colonia Emiliano Zapata han ido desapareciendo al sur del río Cuale.

En la capital del país, en Guadalajara, también en Puerto Vallarta mucho se habla en estos días del rebuscado término “gentrificación”. Es el proceso de la transformación de todo espacio urbano, colonias o asentamientos humanos que al vivir un deterioro, sus edificaciones y sus ocupantes son sustituidos por una clase social alta, cuyo poder adquisitivo les permitió convertir la colonia en un sector adinerado.

La gentrificación no será un fenómeno observado en un sector nuevo de una ciudad si dicho proyecto se cimentó en una zona desocupada. Por ejemplo, Marina Vallarta, sus edificios y residencias, se construyeron para el sector adinerado y ello no implicó transformar una zona modesta ni deteriora para construir mansiones.

Sin embargo, en el sur de la ciudad, mas allá de la playa, decenas de viejos residentes se han visto en la “necesidad” de abandonar el barrio y desalojar el hogar heredado por padres y abuelos. Ha habido familias que por años fueron asediados por “visionarios” desarrolladores y terminaron por vender sus propiedades. No son propiamente víctimas de un remate de su propiedad, pero siempre será doloroso desprenderse de un bien familiar que por su valor sentimental, subjetivo, y no existe parámetro para asignarle su valor monetario.

Hasta finales de la década de los 80, la colonia Emiliano Zapata se constituía mayoritariamente de casonas del viejo puerto Las Peñas. Frente a la playa ya se levantaban los primeros edificios, casi todos condominios, propiedades de propiedad no compartida. El Hotel Tropicana de Don Máximo Cornejo, el Hotel Mesa del Mar de Don Alejandro Meza, junto al hotel Los Arcos de Don Enrique Carothers, y el hotel Oro Verde, que en 1991 compró Don Arturo Sánchez y lo renombró San Marino, son de los primeros que dieron lustre a La Playa de Los Muertos. Lo demás, casi todo eran edificios de condominios, los que en la dos últimas décadas se multiplicaron frente a la playa, en la montaña de La Jacarandas-Altavista y más reciente se construyen muchas cuadras adentro de la colonia.

Sobre la calle Insurgentes, Basilio Badillo, Lázaro Cárdenas y hasta la esquina de Ignacio L. Vallarta hubo terminales de autobuses enrutados a Tepic, a Guadalajara, a la Ciudad de México y otras ciudades del país. Aun en funciones de la central de camiones al norte de la ciudad, dos o tres empresas operaban en lo que hoy es la Zona Romántica.

Por casi dos décadas el diario Tribuna de la Bahía conservó oficinas y talleres sobre la calle Basilio Badillo, lo obligaba un diario caminar por las calles de “la colonia”, como se llamaba al equipo de futbol que los representaba. Hoy, el edificio que albergó el Cine Bahía, con frente en la Insurgentes, y el viejo billar con entrada por la calle Francisco I Madero, tofos sus negocios de la plana baja, no existen y en el sitio se levantó un edificio de siete pisos. Os cuadras mas adentro, pero con frente al río Cuale se levantó otro edificio con alberca en lo mas alto. También son siete niveles, incluyendo penthouse y alberca.

Desde la calle Insurgentes, caminar rumbo a la playa, desde la calle Francisca Rodríguez y hasta la calle Aquiles Serdán, ya no se otean los horizontes. Levantar la vista al cielo y a los dos costados es vivir la sensación de estar rodeado de altos edificios. Por decir algo, en la propiedad de media manzana donde Don Gustavo Fong Salazar ofrecía diversión y entretenimiento de noche y día, fiesta mexicana para turistas y locales, se construyeron locales comerciales por la calle Lázaro Cárdenas y a la vuelta, por Hidalgo y Constitución, hay un imponente edificio que alcanza los 8 niveles de condominios de lujo. Ahí levantó el hotel La Iguana Vallarta, construido para un exigente cliente LGBTQ+. Una cuadra rumbo al río Cuale, en la esquina de Aquiles Serdan y Constitución, donde estaba el estacionamiento del supermercado Gutiérrez Rizo, se yergue un edificio en forma de cubo, con pisos iguales a las demás torres.

Caminar por la calle Ignacio L Vallarta, hasta su punto más estrecho, la esquina con Francisca Rodríguez, desapareció la mayor parte de las fincas familiares, espacios aprovechados para grades edificios. Hasta principios de año se conservaba la casona donde operó el legendario Torito, desapareció la casona de El Mariachi Loco, espacio convertido en condominios verticales. Sobre la calle Venustiano Carranza, desde Insurgentes hasta la playa, todo es condominios construidos para la clase pudiente. En esta zona hubo y hay vecinos que se resisten su hogar no obstante a estar rodeados de propiedades de 4 o más pisos.

En abril del año pasado, un empresario restaurantero acuso a sus vecinos extranjeros de intentar desalojar su negocio en la calle Hidalgo y Mina. Pequeños emprendedores, micronegocios, también resiente lo que llaman gentrificación. Aunque con otra definición, acá en Puerto Vallarta, fueron los residentes del centro de la ciudad los primeros en contener las tentaciones de un ofrecimiento por su vivienda. Por fortuna, salvo ciertas excepciones se respetó la imagen urbana, aunque el malecón, la calle Morelos y Juárez modificó su vocación y provocaron la dolarización de sus rentas.

Mas al norte, Versalles surgió como una zona residencial, asentándose un sector que no pudo hallar acomodo en el vecino Gaviotas. Salvo sus frentes por las avenidas Medina Ascencio y Francisco Villa, de plena vocación comercial, todo el interior fue residencial. Sin embargo, la normatividad permitía desde siempre edificios de condominios, no más de 4 o 5 pisos. Los Habre, Hamburgo, los departamentos Francia son ejemplo. Sin embargo, opulentos edificios inundaron la colonia, desde la calle Francia, tan adentro como la calle España, ya conectando con Fluvial Vallarta.

En Versalles, el improvisto arribo de los nuevos propietarios de edificios de 8 pisos, demandaron mas servicios y en distintos puntos tronaron las redes subterráneas de agua y drenaje. Fue en esa zona donde era cotidiano por largos meses observar hilillos de agua negras por sus calles, fugas de a tubería del agua y del drenaje. Los vecinos culpan a los funcionarios municipales de no frenar el fenómeno de la invasión. Los constructores alegan que la ley les permite construir edificios de 8 pisos, sea por la calle Francia, España, Viena o Milán.

Es la gentrificación a la vallartense. Con frente a las playas, la reserva territorial se agotó y aunque lento, camina hasta adentrarse a la ciudad. Es una presión constante a la que algunos se resisten pero otros, desalojan y aceptan moverse distancia más allá las playas, del centro. Serán contados los que desalojarán para ocupar vivienda frente a la playa, por Marina Vallarta, residencias en los riscos del sur de la ciudad, a Nuevo Vallarta. No son muchos quienes tienen capacidad para adquirir un coto privado, de no menos de tres millones de pesos, o pagar rentas mensuales no menos de 15 mil pesos.

 

Revolcadero

 

Las últimas veces que saludamos a Jesús Rodríguez Campoy fue en el campo de beisbol. Fue un gran fanático del Rey de los Deportes, pero en la última temporada ya se notaba la ausencia en el graderío. También le gustaba el jersey de sus equipos de softbol, donde podía codearse por tipos como Rodolfo Domínguez, su amigo Santiago Centeno o “El zurdo” Flores. Le gustaba el servicio público y cuando no, calentaba la banca de las reservas y se abría campo en una empresa que ofrecía servicios de televisión por cable. Sus buenas relaciones políticas lo hicieron aterrizar en Puerto Vallarta, tomando la administración de Sistecozome, sus dos rutas, Ixtapa y La Aurora, y las combis de subrogados, que de la colonia Bugambilias, Agua Azul y López Mateos surcaban el centro de la ciudad hasta tu terminal en El Remanse-Buenos Aires. Pero administrar chatarra no era negocio ni buen empleo y con el paso de los años se hizo de un cartel aceptable como leal y eficiente funcionario. Algo aprendió en el Sistecozome que se especializó en cuestiones de vialidad, tránsito y seguridad pública y en un puesto administrativo de Seapal, pero hombre de valores firmas, nunca supimos de haber acumulado riqueza inexplicable. “Campoyito”, como aceptaba le dijera, a su arribo a la ciudad, se acercó y hallo cobijo con el panismo doctrinario y el penúltimo diputado local, Ignacio Guzmán García se lo llevó al Congreso del Estado. Cuando este saltó al Movimiento Ciudadano, también Campoy se enmochiló. En el transcurso de los 9 años de gobierno naranja, Centeno lo arropó y trabajo no le faltó en los 6 años que gobernó Arturo Dávalos Peña. Cuando el MC perdió el control del gobierno municipal, la salud de Campoy languidecía y su estrella se opacaba. A principios de octubre de 2019, en una serie de juegos amistosos de novenas de la Liga Mexicana del Pacífico nos dijo que su salud ya no iba bien. Campoy, el amigo y paisano, murió y pasó a mejor vida rayando el mediodía de este lunes 14 de julio. ****** De la visita de inspección a los trabajos del nodo vial en el crucero de Las Juntas del secretario de Infraestructura y Obra Pública del Estado, David Zamora Bueno, el área de Comunicación Social del municipio informó vía comunicado de prensa destacó que la obra resolverá uno de los puntos de mayor tráfico entre Vallarta y Bahía de Banderas. También precisó que “a finales de septiembre, todo el flujo vehicular que va hacia el vecino estado estará circulando por el puente” y que los trabajos se realizan las 24 horas para cumplir en tiempo y forma. Se indica en el primer párrafo: “Puerto Vallarta está cambiando, y con cada nueva obra, el municipio se renueva y se fortalece. Así lo confirmaron autoridades estatales y municipales durante un recorrido por dos de los proyectos más importantes en curso: la rehabilitación del muelle de Mismaloya y la construcción del nodo vial de Las Juntas. Más allá de la infraestructura, estas acciones representan una transformación significativa en la movilidad, el turismo y la calidad de vida de miles de vallartenses”. El alcalde Luis Munguía agradeció el respaldo del gobernador Pablo Lemus, destacando que los avances ya son visibles. “Estamos muy contentos de ver cómo el cariño de nuestro gobernador se ve reflejado en estas grandes obras, obras que además de tener un extraordinario diseño arquitectónico, son obras que habían sido pedidas y muy necesarias durante ya algún tiempo”, concluye.******* Por cierto, destacada la participación de Puerto Vallarta en Foro Internacional Ciudad Árbol del Mundo, que se realizó en San Luis Potosí, donde el alcalde Luis Munguía junto con el equipo de Sostenibilidad Ambiental recibieron galardón, un importante reconocimiento internacional al ser nombrada Ciudad Árbol del Mundo por primera vez. Este logro es el resultado del trabajo conjunto entre el gobierno municipal, liderado por el presidente Luis Munguía, y la sociedad civil, que ha impulsado acciones para proteger y fortalecer el arbolado urbano en nuestra ciudad. El Foro Internacional Ciudad Árbol del Mundo reunió a ciudades de México que ya han sido reconocidas con este distintivo. El presidente municipal Luis Munguía fue acompañado por el doctor Bartolo Cruz, director de Sostenibilidad Ambiental, Tahamara Esquivel, coordinadora del Programa de Arboricultura, y Laura Ramírez, jefa de Medio Ambiente, quien recibió el reconocimiento para Puerto Vallarta. Munguía destacó el esfuerzo realizado por la ciudadanía para recibir este galardón y agradeció a los organizadores del evento, incluyendo al alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo, y a representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Fundación Arbor Day y Reforestamos México. Se informó que Puerto Vallarta será sede de la entrega Tree Cities of the World 2025 en 2026, lo que permitirá establecer políticas públicas que fomenten la gestión sostenible del arbolado urbano en todas las ciudades del mundo. Esto es un logro importante para nuestra ciudad y un paso significativo hacia un futuro más sostenible.

 

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