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Gerardo Sandoval Ortiz |

Viene Laura Haro a oxigenar a vestigios de las fuerzas vivas del PRI rumbo al 2027

 

CONTEXTOS

 

 

Cuando el Partido Revolucionario Institucional parecía estar condenado por sus dirigentes al ostracismo, descabezado y con las puertas de su edificio de la calle Río Grande encadenadas, el fin de semana se apersonó su dirigente estatal, Laura Haro Ramírez y lanzó un discurso que hizo despertar de su modorra a la vieja y leal militancia. A los infieles al tricolor, los que construyeron fortunas al amparo del PRI, de “traidores” no los bajó.

Es de aplaudir el empeño que Laura Haro le ha puesto a su misión de salvar al PRI, partido al que no pocos le auguran su desaparición en Jalisco en todo el país. En las elecciones de 2024 dejó constancia de qué madera está hecha al encabezar la coalición Fuerza y Corazón por Jalisco (PAN-PRI-PRD) al computar poco mas del 16 por ciento del cómputo oficial (609 mil 618 votos), abajo del ganador Pablo Lemus Navarro y de Claudia Delgadillo González, la candidata de Morena y su mega alianza, PVEM, PT, Futuro y Hagamos.

Dejemos de lado los discursos para enfocarnos en principios de la estrategia que desde Guadalajara se implementará para salvar al PRI Vallarta. Es algo muy parecido a lo que ya intentaron después de los comicios anteriores, cuando también desde la capital del estado le entregaron las riendas del partido a Gerardo Miguel López Villaseñor. Este había sido el candidato de la coalición electoral Fuerza y Corazón por México y al cabo de una aceptable campaña se quedó con el 13 por ciento de la votación (22, 466 votos). Tal parece que ese fue su mérito para darle las lleves de la oficina del tercer piso del CDM priista. Sin embargo, así como llegó, sin hacer ruido se regresó a su natal Atenguillo.

En la fórmula del refrito, Laura Haro apostó por un nombre. Javier Degollado González, que hace más de dos décadas probó el servicio público, ayudó en la campaña a Gustavo González Villaseñor, fue su jefe de Programas Sociales y abandonó la ciudad, probablemente cuando advirtió de la alta competencia para ser presidente municipal. Fincó residencia en Chapala y le fue tan bien que en menos de diez años ya era alcalde aquella ciudad. Para los comicios de 2018 intentó reelegirse, pero fracasó.

En el barrio que comparten los vecinos de Los Tamarindos y la Idipe lo recuerda con nostalgia, particularmente “los tamas”, que estaban al piquete cuando los necesitaba para tareas del super “La Chata”, que personalmente atendía si disponía de tiempo. El local se los facilitó su suegro, el ya finado Orencio Guzmán, un conocido ganadero. Cuando los panistas gobernaban el municipio, midió sus fuerzas de popularidad en una elección para subdelegado municipal de Ixtapa (2000). Ya después se integró a las brigadas rojas de la campaña de González Villaseñor. Al final de esta administración, Javier Bravo, también alcalde por el PRI, cerró espacios a todo lo que oliera a Gustavo y Degollado emigró a la ciénega del lago.

Aunque con visitas esporádicas a Puerto Vallarta, donde reclama tener derechos de arraigos por ser la tierra de su esposa, poco mas de dos décadas después Javier Degollado. Es el elegido para rescatar al priismo vallartense que vive la peor crisis.

Javier Degollado compartirá responsabilidades con una dama, quien como él sentó sus reales en Ixtapa por algunos años. Laura Haro le tomó protesta a la abogada Erika Yunueth González Landaverde, que ya presume su credencial de Defensora Federal del 5 Distrito del tricolor. Por defensora podemos entender que en su momento será distinguida como candidata del PRI a una diputación, federal o local, que es lo de menos.

Erika Yunueth González es abogada de profesión y es de tan prolífica trayectoria en la administración municipal que se integró en los tiempos del panismo, se acopló al priismo y logró resistir a la era naranja y permanecía en la turbulenta administración municipal de Morena. Tantos años de empleo le valieron su bien ganada jubilación y para ser sinceros, no recordamos su lo concretó en esta administración del PVEM o en la gestión morenista de Luis Michel.

En Ixtapa, se supo de sus labores de asesoría jurídica a diversos delegados, sin reparar colores, con Gabriela Duarte, Felipe “Macoy” Fernández y hasta por un tiempo a doña Manuela Ramos en la administración anterior. A Ixtapa había llegado después de ofrecer sus conocimientos jurídicos en los juzgados municipales.

Laura Haro Ramírez es la carta de presentación del PRI en Jalisco en tiempos del vilipendiado Alejandro “Alito” Moreno, el que después de los comicios pasados la ratificó al frente del Comité Directivo Estatal. El sábado, frente a la militancia y ante los periodistas, se mostró conocedora del momento actual que vive el priismo. Trae un discurso duro y directo, de venenosa carga a tantos destinatarios que mucho tememos no alcanzará para redimir a quienes optaron por cambiar la camiseta tricolor y probarse la de otro color. Que mas da si es color naranja, la vinotinto de morena, la blanquiazul del PAN o la del renacer verde. Por décadas, en Puerto Vallarta solo existió y el el PAN, ambos desplazados cuando emergió de las fracturas de aquellos el MC.

Se nos imposibilita, no alcanza la tinta más bien, la cita por nombres a quiénes tilda “traidores” y desleales que apoyaron proyectos políticos o candidaturas contrarias a su partido. Porque igual se puede referir a los de aquella triada identificada como “los rafailes” que por varias décadas controlaban al PRI, se reunían, discutían y decidían candidaturas. Son muchos cuadros formados en el PRI que deambulan hoy en el PVEM, en Morena, en el MC y en el PAN, partido ésta último con el que el PRI de “Alito” sugiere revigorizar la coalición de 2024.

Es dramatismo puro el discurso recordarle a quienes a quienes se han ido, que en el PRI construyeron familias y patrimonios y hoy reniegan de sus orígenes. Sin embargo, no por esa emotividad atestiguaremos estampidas de figurillas y figurones retornando a su alma mater. El PRI no se desmoronó desde sus bases. Los de arriba decepcionaron a los de abajo y en esa suerte, el partido se descabezó. Por eso es legítimo la aversión que dice sentir por los ingratos.

 

Revolcadero

 

La abogada Erika Yunueth González Landaverde, por sus servicios por más de dos décadas en el servicio público conoce bastante as quienes han gobernado Puerto Vallarta, y mostró sus tablas cuando   la presidenta estatal del PRI, Laura Haro la allanó el escenario. Cuestionó obras y legados de los gobiernos panistas, a los del Movimiento Ciudadano, al morenista Luis Michel y al gobierno actual, de origen verde, el de Luis Munguía. Como Don Quijote en su mítico lapsus de locura que barrió con las marionetas de Pedro el titiritero en un tianguis, no dejó títere con cabeza. Destruyeron todo lo construido por los gobiernos priistas, que fueron echados de la administración municipal en 2012. De sus dichos se infiere que mucho hizo Chavita González Reséndiz, el último de los tres alcaldes que hilaron tres administraciones. Dio cátedra de su acervo: de los panistas descalificó a su aspirante que no sabe trabajar, los del MC vendieron a precio de remate el matrimonio municipal –“que nos los regresen”, exclamó-, los de Morena, saquearon las arcas de la tesorería –“que regresen los casi 80 millones de pesos que no comprobaron”, exigió-, y los verdes condenaron a los ciudadanos a vivir entre cerros de basura, aguas negras y desabasto de agua. Nota que sabe de lo que habla y nosotros en este espacio no la desmentiremos. Bueno, pero si podemos sugerirle haga un poquito memoria y revise concienzudamente la gestión de Gustavo González Villaseñor, Javier Bravo Carbajal y Chavita González Reséndiz. Mucho se escribió de ellos y perdieron no por feos ni por guapos. Es probable que la calificación no resulte aprobatoria.****** El fin de semana, cuando estaba cantada la caída de consejera presidenta del INE Guadalupe Taddei, algún dedicado tuitero se encargó de recordar que siempre hay un tuit y revivió aquel generoso saludo de bienvenida de Claudia Sheinbaum. “¡Qué diferencia! Guadalupe Taddei en su primera declaración habla de austeridad ‘revisar los costos de la democracia, sin perder su calidad’, escribió aquel martes 4 de abril de 2023 por la jefa de gobierno de la ciudad de México por la recién llegada de Sonora para ser la árbitro electoral en las elecciones presidenciales a las que Sheinbaum alistaba su participación. La Taddei no la decepcionó y hasta un pilón le brindó a Morena al avalar la sobre representación y validó el uso de acordeones para la elección judicial. Aquella mujer norteña, de probada honestidad, diría Andrés Manuel López Obrador desde su mañanera, en los siguientes tres años, convertiría al INE en su caja chica y amparándose en extraordinarias facultades personales que diputados y senadores de Morena le otorgaron, derrumbando la pulcra y respetable imagen del Instituto Electoral desde su origen. Los legisladores morenistas aprobaron reformas para funcionarios que desde siempre eran facultad del Consejo General. Taddei   despidió y contrató amigos e incondicionales, asignó contratos y manipuló licitaciones a discreción, pervirtió y corrompió todo, a su paso. Hay dos cómplices que deben explicar que sucedió, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo y el expresidente de la Cámara de Diputados, que la impulsó al INE, y el morenista Sergio Gutiérrez Luna, el que afinó la reforma electoral que empoderó a la dama sonorense. A los 11 consejeros les quitaron todos los poderes para otorgárselos a la presidenta del INE, originando así el desmedido abuso y caída de Taddei, la que se creyó intocable por y todos los servicios prestados al régimen.

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