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Martha Ramírez Ruiz |

Polvos de aquellos lodos; a 30 años de la huelga del Diario de la Bahía

Los empresarios eligieron el “Día de la Libertad de Expresión” para cerrarlo e inmediatamente se colocaron las banderas rojinegras

 

En aquellos aciagos días la prensa escrita era la pieza clave para allegarse de información y solo existían dos diarios en Puerto Vallarta. Y uno de ellos, El Diario de la Bahía, había dejado de circular desde mayo, manteniendo a sus decenas de trabajadores en la incertidumbre porque habían dejado de pagarles varias quincenas.

Eran tiempos en que todavía se celebraba el Día de la Libertad de Expresión, cada 7 de junio desde 1951.

Un derecho consagrado en los artículos sexto y séptimo de la Constitución. La libertad de expresión es el derecho que toda persona tiene a pensar y compartir con otras personas sus ideas, reflexiones y opiniones, es decir, el derecho a razonar y dar a conocer lo que piensa y lo que conoce.

Y justo el 7 de junio de 1989, los infames, sí infames empresarios como Juan de Dios de la Torre -aunque como tenía prestanombres era Vox Populi que el entonces director del Seapal, era el socio mayoritario-, eligieron para echarnos literalmente a la calle.

La zozobra que se cernía desde semanas antes e incluso ya se existía el emplazamiento a huelga, hasta nos habíamos afiliado a la CROC con Pedro Curiel, ya que el Secretario del Trabajo, Guillermo Ramos Ruiz, no confío que aunque intentamos formar un sindicato independiente, tenía la consigna de no autorizar ningún sindicato independiente en Jalisco.

Llegó así aquel infausto 7 de junio. Ya tenía días que nos turnábamos para montar guardias en el bodegón de la calle de Morenos, donde se editada e imprimía el Diario de la Bahía. Ese día le tocaba encabezar la guardia a David Rojo Reyes, quien era el jefe de información, cuando llegó un espurio director, Juan Sánchez Medina, quien cargó hasta con una máquina de escribir. Y echo a la calle a los trabajadores que estaban haciendo guardia dentro del local en que opero el diario. Tras lo que colocó unos candados en el viejo portón de madera.

En aquella época ni soñar con teléfonos celulares, ni imaginábamos las redes sociales, pero se corrió la voz como habíamos acordado y de inmediato los demás trabajadores nos reunimos en esa esquina de las calles de Morelos y Allende.

Aun recordamos la recriminada que le dio el jefe de Redacción, Francisco Quezada Hernández a David Rojo Reyes por haber cedido al salirse del local, más cuando el emplazamiento a huelga y las guardias eran legales. Rojo Reyes justificaba que hasta habían amenazado con dejarlos encerrados si no abandonaban el bodegón, Caray pues hasta de privamiento ilegal de la libertad se habría acusado a los empresario, se le reprochó a quien hoy funge como Vicepresidente de Información de CPSNoticias.

Así estalló la primera huelga de un periódico en Puerto Vallarta. Dejando a decenas de trabajadores, entre talles, administrativos, así como reporteros a quienes les cerraron el diario un Día de la Libertad de Expresión, precisamente por ejercerla.

Esa tarde, para el anecdotario en otro lugar se celebraba una comida oficial por el 7 de junio, de aquellas en que la organizaban los que día a día atentaban contra la Libertad de Expresión, y a ella hasta había acudido un trabajador del Diario de la Bahía, Víctor Tovar Tejeda, quien se enteró del estallamiento de la huelga, hasta la tarde cuando con unas copas encima llegó y fue recibido con reproches por sus compañeros. Esa fue la única y última vez que se le vio en la huelga,

Literalmente en la calle, con guardia permanente a las que se unieron los voceadores como Israel y Julián, en pleno temporal de lluvias, todavía me conmueve como se desbordó la solidaridad de los vallartenses con los huelguistas, claro no faltan aquellos que pasaban y nos gritaban «hüevones».

Sin embargo, fueron tantas las muestras de apoyo que sería largo enlistarlas todas, pero una que nos llegó al corazón a todos, fue cuando la muestra Chonita, nos llevó una charola de tacos, con aportaciones de los maestros de la legendaria 20 de Noviembre. O cuando regidor panista, Ismael Macías Garibay, nos entregó un mil nuevos pesos, que recibimos David Rojo y yo, para repartirlos entre los compañeros, como una tipógrafa que estaba embarazada. Por las tardes nos organizábamos en grupos para ir a comer gratis, el restaurante Pingüinos, de Macías Garibay, y por las noches cenar en un restaurante de Miguel Ángel Valdez Mora, también para la merienda se aparecía con tamales y atole, la maestra Rosa Limón Jaramillo, entre otras muestras de solidaridad. 

A quienes 30 años después llevó en el corazón el agradecimiento, como a José Francisco González Prendes, quien alojó en los meses de huelga en el desaparecido Hotel la Misión, para que no me preocupara por pagar renta. O a doña Charito, esposa del vicealmirante Augusto Esparza que me invitaba a comer  su casa, ahí donde hoy está el museo naval. O las cajas de refrescos que nos hacía llegar Chema Ibarrria o las pizzas del restaurante de Miguel Ángel Lemun, así como a esas vecinas de la calle de Morenos, unas maestras que nos dejaban usar el baño y cada noche nos preparaban el café, y así una larga lista.  Al tiempo y la distancia: Gracias por no dejarnos solos en esa calle de Morelos. 

Una huelga en que los reporteros fuimos la noticia, y hasta aparecimos en la portada de único periódico que continuaba en circulación “Vallarta Opina. Una noticia que hoy es historia, y yo estuve ahí como parte de ese movimiento huelguístico.

Durante esos días de zozobra e incertidumbre, apareció un día el entonces director de la Canaco, Antonio Morales, con la noticia que existía un empresario interesado en rescatar la huelga: Fernando González Corona, Así comendaría a gestarse un nuevo periódico Tribuna de la Bahía. Pero eso es otra historia.

El origen de Tribuna de la Bahía fue esa huelga, y por ello su razón social fue Ediciones y Publicaciones 7 de Junio, no por la celebración del Día de la Libertad de Expresión, sino porque fue el día que nos cerraron un periódico por ejercer esa libertad.

Transcurrieron 30 años del estallamiento de esa huelga. De la que orgullosamente fui una de las protagonistas, y más orgullo por ser la única que todavía ejerzo el diarismo, haciendo camino al andar en la talacha reporteril. Un día como hoy, pero hace 30 años, el 7 de junio de 1989, ni habría imaginado que el periodismo me haría hasta acreedora al Premio Ignacio L. Vallarta 2017. Además de contar con mí propio espacio www.contralinea.net para seguir haciendo periodismo, que al final de cuentas en lo único que ser hacer.

Al pasar de los años, de aquellos compañeros huelguistas, con la única que mantengo contacto es Leticia Cerna Solis, mi ahijada de boda con Gerardo Sandoval, de los demás ayer platique con Rogelio Contreras, para cotejar datos para este escrito, era jefe de fotomecánica, en la actualidad acaba de recibir una concesión de taxi, tras treinta años de entrarle a la ruleteada obligado por el cierre del Diario de la Bahía. Otros como Jesús Manuel Díaz Zurita, se les perdió el rastro cuando se convirtió en todo aquello que odiaba. De Francisco Quezada Hernández sé que da clases, mientras que David Rojo Reyes, es el flamante Vicepresidente de Información de CPSNoticias.

No queda ni los polvos de aquellos lodos, y hasta aquella razón social original de Tribuna de la Bahía, hace meses desapareció para dar paso al corporativo –propiedad de González Corona- Compañía Periodística Sudcaliforniana SA de CV.

Sin embargo, el 7 de junio de 1989, ya quedó consignado para la historia vallartense, tal y como lo acotó en su momento el desaparecido Cronista de la Ciudad, Carlos Munguía Fregoso en sus efemérides que legó a Puerto Vallarta: Y como fui parte de esa historia del periodismo en Puerto Vallarta, aquí esté el testimonio.


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