Contextos

La muerte de “el gato” y “el junior” en Puerto Vallarta

“El gato” y “el junior” se dieron a conocer desde su época de preparatorianos por fanfarrones y ya después, por sus poses de “faroles”. A últimas fechas, uno presumía ser “de la maña”. El otro, ser activo de “la marina”. Murieron antes del amanecer el último viernes, al cabo de un absurdo altercado vial en la céntrica calle Morelos.

En aquella balacera hubo un tercer asesinado. De éste, solo se supo su nombre, Miguel de los Santos García.

Joel Jesús Ramón Martínez y Junior Samuel Piña Bataz fueron juntos al Conalep plantel II. El primero se había dado de alta en la Secretaría de Marina, al abandonar la escuela. “El Junior” gustaba presumir ser parte de “la maña”. Sus amigos preguntaron y acabaron por saber que era mentira y lo definían como un simplón “farolero”.

“Picaba a mañoso pero no, no está (en la maña)”, nos dijeron de “el junior”. Salió del Conalep como técnico en automotriz.

Joel Jesús Ramón Martínez y “el junior” se identificaron por sus mismas debilidades y gustaban reunirse para cualquier actividad social. Casi siempre se dejaban ver juntos los fines de semana en  momentos de diversión. Era frecuente saber de ellos metidos en riñas callejeras, de antros y cualquier fiesta.

Mientras a “el gato” sus amigos lo ubican como parte de las fuerzas armadas, no se sabe a ciencia cierta a qué se dedicaba “el junior”. Todo indica que él era parte del staff de la empresa Talbot Ross, events design & organization. Dicha empresa es especialista en organizar bodas y fiestas de cualquier tipo. Dos de los tres asesinados quedaron a un lado de una camioneta con razón social de dicha empresa. Bajo el mismo supuesto, estaría el tercer baleado esa madrugada del viernes pasado.

Sobre los dos amigos desde la época estudiantil existe información pública disponible. Joel Jesús Ramón Martínez, “el gato”, exhibe en redes sociales su contrastante debilidad por narcocorridos y grupos criminales. Publica fotos de una imagen con la indumentaria de marino pero también una fotografía con gorra beisbolera y las iniciales de un cartel de las drogas.

No es fácil reseñar la crónica de noticias como la triple muerte de tres jovencitos en la esquina de las calles Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez. Eran jóvenes que apenas emprendían el vuelo de la vida. Vivían a plenitud. Vivieron esos 24 años con el desenfreno que les permite el desdén y la relajada atención de sus familias. Los padres de estos jóvenes, de otros, bien pudieron advertir las inclinaciones que los acercaba a la violencia física. Desde la secundaria tenían fama de bravucones. En el Conalep perfeccionaron sus habilidades a las peleas callejeras. Ese dúo fue de los que más lata le dieron a Goyo, el intendente del plantel II desde su fundación de 2009 al 2012. Los padres pudieron haber advertido de los extraños comportamientos de los jóvenes con solo hurgar en publicaciones del “feis”. La foto de una cachucha con la estampa “CJNG” algo dice y más si viene de un marino.

Todo indica que los tripulantes de la camioneta blanca de Talbot Ross se vieron envueltos en el altercado vial con sus verdugos. No hay constancia de la identidad de los matones. Tampoco se ha sabido de testigos. A lo sumo hubo quienes escucharon balazos pero nadie atina a dar detalles. Imposible saber a ciencia cierta si hubo una riña y concluyó con la huida y posterior muerte de “el gato”, “el junior” y el amigo de estos.

En el empedrado de la calle  Morelos, casi en la esquina donde operó por años el antro “Las Cantina” solo hallaron tirados a las tres víctimas. Dos murieron al instante. Los primero en llegar fueron y Miguel de los Santos García hallaron signos de vida. Lo trasladaron de urgencia a un hospital privado y luego al Hospital Regional. Llevar en una ambulancia desde el Medassist al Regional se lleva un rato. Para el paciente debió ser una eternidad salir del nosocomio privado ubicado en el ingreso sur hasta el norte de la ciudad, más allá de la colonia.

Bien, más allá de tratarse de un infame crimen, suceso que debe conmover hasta al más duro, el hecho debe ser una enseñanza para jóvenes pero también para los padres de familia. Cuando los adolescentes viven esa etapa de la adolescencia a la juventud plena mantiene una lucha interna diaria desde el momento de levantarse cada día para definir las tareas diarias. La tentación de las drogas y del dinero fácil es la constante coincidencia. Aquí en Puerto Vallarta en cualquier lugar de diversión, con o sin alcohol, existe la tentación de los enervantes. Esto suele cruzarse con la fórmula no menos trágica, la propuesta de obtener dinero fácil. Quien es propenso a esos temas, hacer algo cotidiano su apología a capos de las drogas, a carteles del narcotráfico, idolatrar varones del hampa y erigirse en simplones buchones y faroles de “la maña”, significa que algo anda mal.

Los muchachos caídos en el empedrado de la Morelos, siempre mostraron sus inclinaciones por la violencia. Disfrutaban liarse a golpes en sus años de bachilleres. No había maldad. Lo hacían todo por diversión. Ya después debían, para saciar sus disfrutes, experimentaron modos más extremos. En esas andaban cuando cruzaron sus pasos con los desconocidos pistoleros de la calle Morelos.

REVOLCADERO

Muy activo se ha visto en la última semana el contador, Manuel Galindo Nolasco. Encabezó este miércoles 23 una reunión con el secretario general del Ayuntamiento y otros funcionarios y de ahí surgieron acuerdos que redituarán beneficios para los trabajadores jubilados de la municipalidad. La demanda de los exempleados tiene que ver con la defensa de sus derechos laborales, particularmente el que tiene que ver con el reconocimiento de recibir pensión y jubilación. El pliego de peticiones que Galindo hace suyo incluye el aumento de salario, prestaciones y poder cotizar para la pensión en el Ipejal sin dejar de percibir la jubilación en el ayuntamiento. Manuel Galindo representa a alrededor de 400 jubilados, varios de los cuales lo acompañaron durante la charla con el secretario general del Ayuntamiento, Víctor Bernal Vargas. Naturalmente, Galindo está en la línea de quienes deberían beneficiarse con la petición de ajustar su pensión con la del salario de la plaza con la que alcanzó dicho derecho. La plaza de “chofer A”, tiene asignado hoy un sueldo de 58 mil pesos, la misma con la que el actual dirigente burócrata, Gilberto Lorenzo se jubiló. Sin embargo, al momento de recibir ese derecho, el sueldo apenas era de 23 mil pesos mensuales y por años no se ha actualizado.****** Y en más de lo mismo, abrimos espacio a la información oficial divulgada por el área de prensa del  ayuntamiento. Que el secretario general, Víctor Bernal indicó que “se trabajará para que queden reglamentos los temas y se hará una revisión directa de la nómina de pensionados”. Que el gobierno municipal muestra apertura para dar respuesta puntual a las demandas de los jubilados. Que se revisará la percepción salarial y todas las demás prestaciones, como bonos y canasta básica. Además, Víctor Bernal les dijo que, de la modificación hace dos años del convenio con el sindicato de los burócratas para el paro de jubilaciones, aclaró que estas se aplican para aquellos que ingresaron a laborar a partir de la fecha de su aprobación y no es retroactivo para quienes ya formaban parte de la plantilla. Bernal Vargas dijo que el gobierno de Arturo Dávalos no busca afectar a quienes prestaron sus servicios al municipio y generaron derecho a su jubilación, sino trabajar con ellos; “la administración estás para garantizar los derechos de los trabajadores y la ley los protege; nosotros no estamos en una tesitura ni en una ruta de afectarlos, la ley los ampara y nosotros tenemos que hacer lo que la ley nos obliga hacer en el temas de las prestaciones. Eso está queda clarísimo”.******Algo está pasando rumbo a Mismaloya. O mejor dicho, algo están construyendo, por ahí adelantito del emporio hotelero conocido como Garza Blanca. El dato que nos dieron es que ya destruyeron un cerro que se localiza justo “entre Garza Blanca y la casa de Fernando González Corona”. Pareciera haber cierta ironía al citarnos el desarrollo Garza Blanca y la mansión árabe del magnate de los tiempos compartidos, también dueño de medios de comunicación masivos, Fernando González. Que en el punto intermedio hay obras y maquinaria que ya acabaron con un cerro. Que la carretera 200 quedó cerrada y que la van a desviar. Un amigo vecino de Mismaloya salió de casa a temprana hora y ya de noche, al regresar casi destruye su vehículo al chocar con una barrera de criminales topes. Literalmente bloquearon el paso vehicular, justo ahí donde se anuncia el ingreso al hotel Monsai, parte del desarrollo de González Corona. Ni siquiera tuvieron el cuidado de colocar anuncios para advertir a los conductores de los topes. Es sospechoso el trabajo que a hurtadillas se realiza. No hay información pública ni del ayuntamiento no de alguna empresa que se haga responsable de los trabajos. Lo que en Mismaloya platican es que se trata de otro proyecto de la firma de González Corona, y si es él, apuestan que a nadie le importara destruir otro pedazo de la montaña verde que rodea al destino.

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